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jueves, 10 de diciembre de 2009

Montaña: ¿fin de ciclo?


Apasionado de las montañas, Eduardo Martínez de Pisón, tras explicar en este artículo que el modelo de acción territorial del último decenio ha dado sus frutos en forma de dinero fácil y un balance en el que pesan más los defectos que las virtudes, propone una voluntad de respeto y progreso.


Fuente: Artículo de opinión de Eduardo Martínez de Pisón en el Heraldo de Aragón.

Sábado 05 de Diciembre de 2009 21:16

¿EL FINAL DE UN CICLO DE POLÍTICA DE MONTAÑA EN EL PIRINEO?

El patrón de actuación del último decenio en economía territorial ha sido agresivo. Pero este ciclo, que parecía sin límite, ha muerto. El futuro debería ser de otra manera.

Por Eduardo Martínez de Pisón (*)

Lo que querían hacer ya lo han conseguido: han bloqueado en sus estrechos límites el único Parque Nacional de Aragón, han urbanizado todo lo urbanizable, han ampliado las estaciones de esquí derramándolas desde el perfil de las aristas a los valles vecinos y han logrado que incluso en alguna comarca pirenaica sea casi imposible ver un campesino trabajando en el campo. Aunque aún quedan escombros y urbanizaciones paradas a medio construir, detenidas por la congelación repentina del proceso, su llegada al ápice constructor y reconfigurador ha coincidido con los momentos en los que la dilatación desmesurada del globo inmobiliario ha reventado su propio tejido.

Este ha sido su modelo de acción territorial, ha dado sus frutos de dinero fácil y ha dejado sus huellas por todos los paisajes. También ha tenido, en lo referido a esas huellas, algunos paliativos locales y secundarios que no son renunciables, unas veces aparentes y otras constatables, pero en la balanza de los hechos pesan bastante menos las virtudes que los agravios.

Y lo perdido, perdido está, aunque la vanidad de algunos no les permita reconocerlo. Otros, sin embargo, hemos sido testigos de lo descalabrado y podríamos presentar su lista completa. Para quienes hayan obtenido lucro, la práctica de ese modelo durante estos años habrá sido una oportunidad incontinente y, en cambio, sus efectos para la naturaleza, el territorio y los paisajes carentes de protección definida se pueden resumir como un visible quebranto. En cualquier caso, ese patrón en ejercicio al menos ya durante un decenio ha sido prioritariamente un patrón agresivo de actuación en la economía territorial, y evidentemente no un modelo de decidida acción cultural ni ambiental en ese mismo territorio. Tal vez han encontrado lo que buscaban, mover dinero, aunque hayan roto muchos cristales en su galope por el camino. Si buscásemos otra cosa basada en el valor cualitativo de la montaña es seguro que hubieran sido preferibles otros conceptos, distintos objetivos, diferentes métodos.

No es lo mismo un lugar que otro. Todos los lugares tienen su valor, función y sentido, pero son individuos geográficos diversos y no poseen las mismas calidades. A estas alturas de la vida en mi oficio de geógrafo he visto muchos paisajes naturales y unas cuantas montañas, y esa mirada profesional, a la que sumo siempre otra afectiva pero a la que ahora no recurro, me dice con claridad que el Pirineo aragonés es uno de los mejores medios y paisajes de cordillera que haya recorrido y estudiado. Sabiendo esto es mucho más enojoso ver cómo la aplicación del modelo imperante durante el último decenio, posiblemente tan lucrativo pero igualmente tan ciego para los valores ambientales y culturales, se ha llevado por delante tantas cosas que estimaba, porque objetivamente eran estimables. El Pirineo se merecía y requiere hoy otro trato. No se puede actuar en lugares así sin dar la talla, no se pueden aplicar los instrumentos burdos que se han utilizado ni conducir los procesos territoriales de cualquier modo para exclusivos fines rentabilistas, con orejeras para todo lo demás, jugando con el valor del suelo como si tal suelo fuera indiferente o similar al de un arrabal o al de un polígono urbano. No se puede actuar en lugar tan valioso en la cultura y la naturaleza del modo tosco en que se ha hecho, pues ni el paisaje es sólo territorio ni el territorio es sólo solar, ni este gran paisaje es, como se ha pretendido, meramente un gran solar.


Y es que un decenio es mucho tiempo. Incluso puede arrastrar otro peligro: tal vez las nuevas generaciones no conozcan ni puedan evocar los valores naturales, culturales y paisajísticos que los de cierta edad hemos visto disiparse en ese lapso de tiempo reconfigurador y, por lo tanto, no echen de menos lo que se ha ido y piensen que el Pirineo es o ha sido siempre como ahora lo ven y viven, porque las fotos sepias no son referencia completa. Oír además a los que podemos dar testimonio puede tomarse como una tabarra. Lo sé y no quiero caer en ello. Es preciso, pues, mirar hacia delante.

Sin embargo, todo indica que, pese a la terquedad de algunos políticos, gestores y promotores, este ciclo, que parecía una espiral sin límite, ha muerto. Pese a quienes quieren reactivarlo para proseguir su rendimiento, es un ciclo extinguido porque sus circunstancias externas se han hecho jirones. Es decir, que podemos o mejor debemos iniciar otro camino y no sólo distinto, sino opuesto, porque si fuera semejante podría ser hasta peor, ya que en ese trayecto que hemos experimentado no hay límite para lo nocivo. Pues, claro está, también es posible una ruta mejor, un modelo diferente, de mayor entidad y sustancia, que renazca de la negación de obstinarse en volver a los fracasos de esta política territorial, por supuesto en los órdenes natural y cultural, que han sido tan manifiestos que ellos mismos muestran que ese camino se acabó, pero también en los urbanísticos, ostensible por ejemplo en las colonias cerradas o en el balneario con despidos.


Las palabras básicas que me permiten cualificar este modelo nuevo en el que debemos entrar son las de respeto, equilibrio y compatibilidad. Pero primero es preciso conocer. Si se actúa desde la ignorancia y sólo desde la estrategia es imposible aspirar a una política noble. Es preciso saber lo que realmente es el Pirineo y es necesario actuar para que sus valores se guarden y aviven. Además, siempre habrá un conocedor libre en algún bosque o alguna cima que evaluará con derecho propio el nivel de quienes proyectan, deciden y ejecutan, viendo ajustes y desajustes con las calidades de los lugares, que quizá aquellos desconocen. Y pensará, tal vez en contra de lo que éstos dan por supuesto, que el suelo no es sólo solar, que los ríos no son meros canales, ni los busques exclusivamente madera, ni los prados nada más que futuras pistas de patinaje, ni los viejos pueblos espacio reedificable, ni que los dueños de los territorios son también, ni mucho menos, los amos de los paisajes. Porque los paisajes no tiene dueños. Y como afortunadamente queda mucho Pirineo sin Aramón, aún querrá preservar su tranquilidad y sus formas sosegadas, sus silencios y soledades, sus más escondidos lugares, limitando lo perturbado y garantizando lo que debería ser imperturbable.

Por tanto: propongamos un ciclo nuevo de respeto. Una voluntad de política de montaña desde la perspectiva de la naturaleza y la cultura, compatible con la prosperidad que nace de la unión de inteligencia y trabajo, nutrida de lo arraigado, en una montaña tratada como montaña, con todos sus valores y sus más equilibradas posibilidades. Propongamos una fase nueva de compatibilidades entre desarrollo, sociedad, naturaleza, cultura y paisaje, que rectifique los errores del trivial tratamiento periurbano que hemos soportado. Si diversos lugares del campo español están pasando de producir alimentos y materias primas a espacios de ocio urbano, aparte de no tratarse de una ley incontestable, tampoco es el único modo de conducirlo llenar los valles de cemento y de asfalto.


*El autor. Valladolid, 1937. Eduardo Martínez de Pisón es geógrafo, catedrático, investigador de las montañas, en especial el Pirineo. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Propuestas para que los senderos contribuyan al desarrollo rural sostenible 11 DE DICIEMBRE DÍA INTERNACIONAL DE LAS MONTAÑAS


Desde la FEDME conmemoran el Día Internacional de las Montañas difundiendo el documento de compromisos y de recomendaciones emanado del Área de Accesos y Naturaleza.

Al igual que en los últimos años, en la FEDME conmemora el Día Internacional de las Montañas difundiendo un documento de compromisos o de recomendaciones emanado del Área de Accesos y Naturaleza. En este año 2009 se ha celebrado el V Seminario de Espacios Naturales Protegidos y Deportes de Montaña. En él, federativos y gestores medioambientales han aprobado un documento sobre “Senderismo y Desarrollo Rural” que contiene, en uno de sus capítulos, una serie de propuestas que orientarán la actuación de quienes desean potenciar el desarrollo rural mediante redes de senderos señalizados. Sirva su difusión como conmemoración del Día Internacional de las Montañas de 2009.


Propuestas para que los senderos contribuyan al desarrollo rural sostenible

La articulación de una red de senderos homogénea en los niveles local, autonómico, estatal e internacional, contribuye de forma eficiente y sostenible al desarrollo rural. De cara a futuras actuaciones, se pueden realizar las siguientes propuestas:

1. Planificar la red de senderos contemplando la estructura de poblaciones de la zona, las comunicaciones y los transportes públicos, así como el necesario mantenimiento que garantice la continuidad del recorrido. Una adecuada planificación y ordenación con las oportunas estrategias de información contribuye a la redistribución y encauzamiento de grupos.

2. Recuperar caminos tradicionales precisa investigar la documentación histórica e inventariarlos, involucrar a los vecinos, entidades locales, organizaciones sociales y empresas, formar equipos multidisciplinares que añadan las distintas perspectivas y atender con rigor las cuestiones de propiedad. Se promoverá la sensibilización de los usuarios sobre la importancia del patrimonio público recuperado, para que sean parte activa a través de campañas o acciones de voluntariado.

3. Construir la red de senderos priorizando la seguridad del senderista, la calidad y la homogeneidad de la señalización con el conjunto de la red estatal, adoptando diseños que sean compatibles con la conservación del patrimonio natural y respetuosos con el paisaje. Es inseparable de la señalización de senderos su divulgación y la realización de controles de calidad.

4. Integrar la recuperación del camino en el contexto de la red viaria supramunicipal. Así los senderos recuperan la tradición de comunicar pueblos, valles y regiones, permitiendo redescubrir las vías históricas de conexión.

5. Difundir entre los senderistas un código de buenas prácticas basado en el respeto a los valores naturales y a la cultura tradicional.

6. Implicar a entidades vecinales y empresas turísticas de la zona para que compartan la iniciativa y los beneficios sociales y económicos, como garantía de futuro.

7. Potenciar la información sobre los senderos homologados en la estrategia de divulgación general de los espacios naturales protegidos y en las oficinas de información de las entidades locales. Todos los soportes divulgativos asociados a un sendero, en la medida de sus posibilidades, promoverán la sensibilización ambiental.

8. Diseñar con especial cuidado los proyectos de senderos en zonas frágiles o en las proximidades de bienes culturales sin protección, contemplando las posibles alternativas. Los protocolos de homologación de las federaciones tendrán en cuenta esta circunstancia.

9. Desarrollar preferentemente el proyecto de senderos homologados a través de la extensa red viaria de caminos públicos que se caracteriza por una utilización libre y gratuita.

10. Establecer marcos de coordinación en la ordenación de la red de senderos de un espacio natural protegido, para promover de forma racional y sostenible dicha red, evitando los impactos negativos sobre el medio y poniendo en valor los positivos. Será conveniente realizar estudios que permitan obtener mayor información sobre las frecuencias de paso y los impactos para establecer medidas correctoras y preventivas.

11. Promover mecanismos que enlacen los planes directores de senderos de la FEDME con las planificaciones y estrategias de las administraciones ambientales, turísticas y de desarrollo rural en las diferentes Comunidades Autónomas, para conseguir una mayor coherencia de acción a medio y largo plazo.

12. Impulsar allí donde sea posible por las características topográficas y técnicas la realización de senderos o tramos adaptados, de acceso universal y para personas con discapacidad.

Fuente: Comité Técnico de Accesos y Naturaleza de la FEDME.