Este sitio en la red pretende ser un lugar de encuentro entre cuantos nos preocupamos por el futuro de los parajes más notables de la naturaleza. Creemos posible conseguir un desarrollo sostenible. De todo eso queremos hablar los abajo firmantes (*), y también acoger en estas páginas virtuales los comentarios y opiniones de los interesados en estas comarcas castellanas. Así es que, amigos y amigas, entren en este sitio y lean y escriban sobre sus preocupaciones y esperanzas.

martes, 30 de noviembre de 2010

Problemas en la educación secundaria de pueblos de La Sierra


A ver si es verdad que de una vez  las autoridades dejan de impedir a los padres y alumnos de  Pedraza, Navafría, Aldealengua de Pedraza y Gallegos escoger el centro educativo que deseen. Esta situación llena de incertidumbre y de frustraciones ha durado demasiado y ha causado grandes disgustos a muchas familias de la comarca. Ya es hora de que se resuelva.

Para leer lo que sobre este asunto publicó el Adelantado de Segovia el pasado domingo 28 de Noviembre, pinche en este enlace:


En fín, esperemos que acierten quienes creen que el asunto está en vías de solución.

Tamarón.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Doscientos años de soledad


Reproducimos el artículo de Antonio Sáenz de Miera publicado hoy en ABC:


Fuimos muchos lo que acudimos la semana pasada a la librería Desnivel para acompañar a Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián Álvaro en la presentación «El Sentimiento de la Montaña», cuidadosa reedición de una obra ya clásica sobre la evolución cultural del alpinismo desde que se iniciara la conquista de los Alpes hace ya doscientos años.
 
Se trata de un relato ameno y bien documentado de los éxitos y las conquistas, pero también de los sufrimientos y los fracasos, que han ido marcando el avance del hombre hacia las alturas en todos los continentes. Es una invitación a la aventura, a la superación, al disfrute pleno del paisaje y de la naturaleza. No es un libro únicamente para alpinistas o grandes montañeros. Es más, tengo la impresión de que a quienes puede interesar de forma especial es a nosotros, simples senderistas, y a tantos otros que no hemos tenido la posibilidad ni la suerte de sentir «la emoción que se logra al recorrer una arista de nieve, con el vacío vertiginoso a los pies o al alcanzar la cima de una alta montaña». Sin haberlos vivido, podemos llegar a atisbar en las páginas de esta obra apasionante, esos momentos infinitos de la arista y la cumbre y compartir con Martínez de Pisón y Álvaro «El sentimiento de la Montaña».
 
La presentación del libro fue un canto a las montañas, a los valores morales, al riesgo, a la naturaleza, a la solidaridad y al compañerismo. Se habló del hombre y de la vida por encima de las ruindades y las preocupaciones que, inevitablemente, nos agobian y nos condicionan en las llanuras de la existencia. Evocamos con los autores esos «doscientos años de soledad» durante los cuales un puñado de montañeros ha tratado de llegar, a través de las cumbres, al fondo del alma humana.
 
 
Antonio Sáenz de Miera.
 
 

jueves, 11 de noviembre de 2010

Marina y los 20 millones de votos


Artículo de Antonio Sáenz de Miera publicado el lunes 8 de noviembre en ABC:


La gran sorpresa de las recientes elecciones brasileñas la dio Marina Da Silva, la candidata ecologista que fue ministra de Medio Ambiente en uno de los gobiernos de Lula. Contra todo pronóstico, logró el apoyo de nada menos que 20 millones de brasileños. El éxito de Marina trastocó el panorama político brasileño, polarizado entre el PT de Lula y la socialdemocracia de Serra, e impidió que Rouseff lograra la mayoría absoluta en la primera vuelta, algo que se daba por hecho en las encuestas.

Marina hizo política de su conflicto con el PT y con Lula cuando salió del gobierno a causa de su defensa a ultranza de la conservación de la Amazonía. Entonces, luchó a fondo y perdió. Tuvo que presentar la dimisión porque el gigante al que se enfrentaba era muy superior al del poder político al que ella representaba. Ahora parece que aquella supuesta derrota se ha convertido en su principal capital político. Durante la campaña electoral Marina ha transmitido un mensaje ético y ecológico que ha calado en los 20 millones de brasileños que han votado a su pequeño partido, poco conocido y de recursos muy limitados. Ha logrado mostrar una nueva forma de hacer política y ha sabido proponer un modelo diferente de crecimiento.

Desde hace tiempo, nos parece que existe una relación casi imposible entre la conservación del medio ambiente y las elecciones en los sistemas democráticos. Normalmente, los candidatos y el electorado reculan cuando llega la hora de alcanzar el poder y, más aún, de ejecutar las políticas a las que se comprometieron. Pero no siempre tiene por qué ser así. El esfuerzo y la sabiduría de Marina lo demuestran. Ella ha sabido competir electoralmente con dos pesos pesados de la política brasileña con un mensaje puramente medioambientalista. Es bueno que sea así: la Amazonía necesita votos.


Antonio Sáenz de Miera.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Acerca de los parques eólicos


En España se están colocando parques eólicos en sitios muy inapropiados e incluso ilegales: dentro de la Red Natura 2000 o alrededor de paisajes monumentales como Uclés o las crestas montañosas cerca de Ávila. Mientras tanto, las mismas empresas hacen gala de talante ilustrado y verde en otros países. En los Estados Unidos, según un reciente artículo en la publicación ecologista The Nature Conservancy, Iberdrola Renewables aplaude con entusiasmo un plan que, en efecto, parece sensato: hacer mapas de todos los Estados Unidos, que superpongan las zonas de más viento con las zonas más necesitadas de proteger la naturaleza, para escoger los lugares donde menos daño hagan estos parques eólicos. ¿Por qué no muestran igual actitud en España? Diríase que aquí ni las oenegés ecologistas ni los gobiernos regionales o nacionales se muestran exigentes frente a los intereses económicos, con tal de que sean "renovables".

Como la lógica no abunda, ante cualquier reparo que se oponga a la proliferación de los parques eólicos mal emplazados se contesta con la acusación de que toda crítica se debe a quienes están en contra de las energías limpias y renovables. Hay que seguir insistiendo en que los parques eólicos, como las instalaciones solares, y de hecho cualquier forma de generación de electricidad, deben estar situados en lugares adecuados, y de ningún modo es lugar adecuado la bahía de Santander o el último refugio del urogallo en León o las zonas de migraciones de aves. En otros países la opinión pública ha reaccionado contra la evidente contaminación visual, sonora e incluso lumínica que producen los parques eólicos y la tendencia es a colocarlos lejos de la costa.

Para evitar los abusos, casi todos irreparables, debería bastar con que se aplicasen las leyes, puesto que existe un poderoso arsenal normativo para impedir ilegalidades tan palmarias como ésta. Pero en España no faltan leyes, sino voluntad de aplicarlas. Cuando ni siquiera algunas sentencias firmes del Tribunal Supremo se ejecutan, ¿qué cabe esperar? Tan sólo la opinión pública expresándose con determinación y pidiendo eco en los medios informativos podría convencer a los poderes políticos de que perderían votos dejando cometer irregularidades, a los poderes económicos de que a la larga perderían dinero y a la nación española de que la belleza del paisaje también es un activo económico, aunque sólo sea para atraer turismo de calidad. Todo lo demás –razonar sobre deberes históricos de conservar las raíces culturales y naturales de nuestro país– interesa a muy poca gente. Pero incluso eso habrá que argumentarlo, aunque sólo sea en aplicación del melancólico y tenaz principio de “por mí que no quede”.


(Artículo del Marqués de Tamarón publicado en la revista HISPANIA NOSTRA, Nº 1, Septiembre de 2010)


Postdata: Este artículo lo escribí hace tiempo pero tardó en publicarse y acaba de salir ahora. Por eso no aparece mencionada la barbaridad que se pretende hacer en el piedemonte del Guadarrama segoviano, erigiendo una muralla de 225 molinos de 100 metros de altura cada uno. Sobre este torvo empeño encontrarán mucha información en la bitácora  Guadarrama sin molinos.


Tamarón.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL LOBO EN EL GUADARRAMA: EL RETORNO DE UN MITO

Cae la fronda encarrujada

de los centenarios pobos

que al rigor de la invernada

vieran antaño a los lobos

bajar al pueblo en manada


Enrique de Mesa

“Otoño en la sierra”

El Silencio de la Cartuja (1916)

Es bien sabido que entre todas las especies de la fauna salvaje del hemisferio norte ninguna ha tenido para el hombre un componente mítico y emocional tan marcado como el lobo. Objeto de fabulaciones y leyendas en muchas culturas desde la más remota antigüedad, causa de temores y supersticiones que llegaron a obligar antaño a los habitantes de las montañas del noroeste de nuestro país a la adopción de más de setenta expresiones distintas para evitar nombrarlo, la figura simbólica del lobo está hoy más que nunca en la mente y en los labios de los ciudadanos de algunos países de Europa y Norteamérica. Y es que el mito ancestral del depredador más temido por el hombre en todos los tiempos parece hoy resurgir con fuerza a causa de las tensiones sociales que está motivando la expansión de sus poblaciones tras su casi total desaparición en los países más desarrollados, extinción de la que se libró in extremis al refugiarse las últimas manadas en las montañas más apartadas hasta que el reciente y pujante movimiento conservacionista le ha otorgado una última oportunidad de supervivencia.

Así ha ocurrido en Estados Unidos, donde el lobo gris, tras su desaparición en los albores de la década de los 30 del pasado siglo, vuelve a poblar el Parque Nacional de Yellowstone y otras zonas de las Montañas Rocosas, lo que está siendo causa de serios conflictos y agrios debates políticos. Lo mismo ha ocurrido en Francia, que vio desaparecer sus últimos lobos alrededor de 1925, y en donde algunos ejemplares procedentes de los Apeninos italianos se establecieron en 1992 en el Parque Nacional del Mercantour, en los Alpes Marítimos. Después de años de ataques al ganado, el gobierno francés ha tenido que crear una comisión parlamentaria para intentar poner paz entre los ganaderos de ovino, un sector que ha perdido la mitad de las explotaciones en veinte años, y las asociaciones ecologistas, que han recogido miles de firmas en defensa del lobo. Otro claro ejemplo lo encontramos en Alemania, donde el lobo desapareció hacia 1860, y que hoy cuenta con algunas manadas repartidas por los estados de Hesse y Baja Sajonia tras la aparición en 1998 de unos pocos ejemplares procedentes de Polonia. Contra todas las previsiones, aquí el lobo se está extendiendo a través de una de las redes de carreteras y autovías más densas del mundo, llegando incluso a transitar por los bosques que rodean la ciudad de Berlín.

Nuestro país, por supuesto, no ha sido ajeno a la generalizada expansión de la especie ni tampoco a los conflictos que ésta trae siempre consigo. Considerado en España hasta hace apenas cuarenta años como una dañina alimaña, por cuyo exterminio la administración del Estado concedía premios en metálico, el cambio de sensibilidad hacia el lobo se produjo gracias a la labor divulgativa impagable de Félix Rodríguez de la Fuente, que logró que la Ley de Caza de 1970 lo librara de esta mísera condición y lo catalogara como especie cinegética, y a la atención científica de varios naturalistas pioneros que orientaron sus trabajos en el mismo sentido, como José Antonio Valverde, Jesús Garzón, Ramón Grande del Brío, Carlos Sanz y algunos otros.

Un proceso natural apasionante

A comienzos de la década de los 70 las perspectivas para la conservación del lobo ibérico eran de todo menos halagüeñas. El tradicional y mortífero uso de la estricnina para librar de alimañas los montes de nuestro país había dejado a nuestros últimos lobos, apenas unos pocos centenares, recluidos en algunos pequeños reductos de las montañas del norte de la península y en unos pocos enclaves de Sierra Morena. Pero la nueva y creciente actitud de respeto hacia la especie, unida al abandono del medio rural y al espectacular aumento de algunas de sus presas habituales, como corzos, venados y jabalíes, marcó providencialmente el punto de inflexión en su inminente y en apariencia inexorable proceso de extinción, y ya a principios de los 80 la evolución de las poblaciones de lobo mostraba una clara tendencia expansiva hacia el sur y hacia el este del territorio peninsular.



Macho adulto de lobo ibérico (Canis lupus signatus)

Foto: Juan Carlos Blanco


Los primeros episodios de este proceso natural apasionante que constituye hoy día el lento pero generalizado regreso del lobo a muchas de las montañas de las que fue expulsado en el pasado los podemos situar a finales de los 70 y principios de los 80 del siglo XX, cuando algunas manadas procedentes de la zamorana sierra de la Culebra se establecieron en los montes Torozos, entre Palencia y Valladolid. Mediada esta última década, las poblaciones residuales que quedaban en las montañas de Asturias y Cantabria ya habían experimentado un claro crecimiento y empezaban a extenderse hacia las comarcas aledañas a la costa. Las siguientes etapas de este proceso de recolonización muestran la extraordinaria capacidad de recuperación de la especie.

A finales de los 80 las escasas manadas que hasta hacía pocos años poblaban las montañas burgalesas ya se habían extendido hasta el sur del País Vasco y recolonizaban las sierras riojanas y sorianas de Cameros, Cebollera y la Demanda. Por estos mismos años el lobo comenzó a poblar un nuevo hábitat, muy diferente al que venía ocupando hasta entonces en las zonas montañosas del norte: las inabarcables tierras de pan llevar que se extienden por las provincias de León, Zamora, Burgos, Palencia y Valladolid. A comienzos de los 90 cruzó el Duero. Hacia 1995 circularon rumores sobre su aparición en las provincias de Ávila y Segovia, y poco después, a principios del siglo XXI, la presencia de esta especie era ya estable en la zona comprendida entre las localidades segovianas de Coca, Cantalejo y Riaza. Por fin, tras una ausencia de más de medio siglo, el lobo había regresado, aunque tímidamente, a las sierras de Ayllón, Gredos y Guadarrama.


El lobo en el Guadarrama

Al día de hoy el lobo está ya prácticamente establecido en algunas zonas del piedemonte septentrional del Guadarrama, transitando por las laderas y las cumbres de Somosierra, los montes Carpetanos y la Mujer Muerta, y como ocurre siempre en todas las regiones donde el depredador reaparece tras muchos años de ausencia sus correrías están causando una gran alarma social. Desde el año 2003 El Adelantado de Segovia ha publicado más de cincuenta noticias sobre la presencia de lobos y sus ataques a los rebaños de ovino y vacuno de la provincia, algunos de ellos ocurridos en localidades de la Vera de la Sierra como La Losa, Cerezo de Arriba, Torrecaballeros y Cabanillas del Monte. Es en esta última localidad donde nuestro amigo Rodrigo Peñalosa, propietario del antiguo esquileo mejor conservado de toda la sierra y heredero entusiasta de la secular tradición ganadera de los marqueses de Lozoya, ha sufrido en menos de un año tres espectaculares «lobadas» en las que ha perdido más de sesenta ovejas.

En la vertiente madrileña el lobo también está recorriendo cada vez más regularmente la sierra del Rincón y las laderas septentrionales del valle de Lozoya, y es de esperar que muy pronto extenderá sus áreas de campeo a la Cuerda Larga y a otras zonas de la sierra. Aquí, la presencia del lobo podría solucionar de forma natural el problema que actualmente está planteando la superpoblación de cabras monteses, que tienen que ser capturadas y trasladadas a otros lugares ante la oposición rotunda de las asociaciones ecologistas a la caza selectiva. En lo que respecta al territorio de la Comunidad de Madrid, la acertada y recomendable contención informativa que hasta ahora parece imperar en este lado de la sierra sólo nos ha permitido conocer de forma oficiosa algunos ataques al ganado y dos muertes de ejemplares, uno de forma furtiva y otro por atropello.

Ternero muerto y devorado por los lobos al pie de la Mujer Muerta (Segovia) en enero de 2009

Foto: Asociación Segoviana de Amigos de las Cañadas / Fernando Vázquez

No por esperado, el retorno del lobo a la sierra de Guadarrama deja de ser una de las mejores noticias para todos los que nos preocupamos por el futuro de estas montañas, las más amenazadas de nuestro país. Ha llegado, además, en un momento esperanzador: en vísperas de hacerse realidad la ya casi centenaria aspiración de su declaración como parque nacional. Pero no conviene echar todavía las campanas al vuelo ya que, con toda seguridad, este regreso va a traer consigo los mismos conflictos que se están produciendo en todas las regiones donde el gran depredador vuelve por sus fueros. El lobo, pese a la creencia casi generalizada de que sólo prospera en los territorios más apartados y salvajes del planeta, es capaz de vivir casi en cualquier lugar donde se lo permitamos, incluso en los alrededores de las grandes ciudades. Es fácil suponer, por ello, que la pugna entre las posturas tradicionalmente enfrentadas de los ganaderos, los cazadores y las asociaciones ecologistas será la que determine el grado de tolerancia con que le recibamos y, por lo tanto, también las zonas de nuestra sierra donde queramos que viva.



Los montes Carpetanos desde las inmediaciones del puerto de Malagosto, un paisaje en el que se vuelve a escuchar el aullido del lobo

Foto: Julio Vías

Un acuerdo sobre el lobo

Según el magnífico y exhaustivo estudio de los biólogos Juan Carlos Blanco y Yolanda Cortés, sin duda el mejor trabajo de investigación llevado a cabo hasta el momento sobre el lobo ibérico, en la sierra de Guadarrama se dan las condiciones teóricas ideales para que se produzcan conflictos de elevada intensidad, al coincidir allí los intereses de los ganaderos y los cazadores con los de miles de personas amantes de la naturaleza y la montaña procedentes de Madrid1. Conseguir el equilibrio entre la visión pragmática y utilitaria de los unos con la romántica e idealizada de los otros va a resultar una tarea muy difícil para las administraciones responsables de gestionar una especie tan conflictiva. Y las espadas ya están en alto a raíz de la reciente aprobación del Plan de Gestión del Lobo de la Junta de Castilla y León, al que algunas asociaciones ecologistas ya han tachado de contemporizador en exceso con las demandas de los cazadores. Sea como sea, y a pesar de su próxima declaración como espacio protegido, lo cierto es que el plan ha catalogado toda la comarca de la sierra segoviana como zona destinada a un máximo aprovechamiento cinegético de la especie con el fin de mantener una mínima densidad en su población.

El futuro del lobo en el Guadarrama va a depender de que se alcance un amplio acuerdo entre los sectores sociales afectados por su presencia y de que se adopten actitudes flexibles, imprescindibles para templar los ánimos y rebajar unas tensiones que suelen desatarse de forma virulenta y totalmente desproporcionada con la magnitud económica real de los daños causados. Exigirá a los grupos ecologistas más batalladores poner buena cara ante la realización de batidas cuando los daños producidos al ganado superen el límite admisible, teniendo así en consideración la sensibilidad de los ganaderos que explotan sus cabañas de ovino o vacuno en régimen extensivo, un sector olvidado y mucho más amenazado que el mismo lobo, al que lamentablemente no le queda otro futuro que reconvertirse o sencillamente desaparecer cuando se acaben las subvenciones europeas. Forzará a los ganaderos a adaptarse a la presencia de tan incómodo vecino y a tomar medidas de seguridad frente a sus ataques, como recuperar el empleo de mastines bien adiestrados en la querencia al ganado e instalar cercados eléctricos, que están dando muy buenos resultados en algunas zonas del norte de la península. Obligará a los cazadores y a los miles de usuarios de la sierra procedentes de la ciudad a respetar las áreas de cría de la especie. Y sobre todo, exigirá a los responsables autonómicos generalizar y agilizar al máximo el pago de indemnizaciones por los daños causados al ganado, tomar medidas serias para luchar contra la caza furtiva del lobo, y gestionar de forma respetuosa con el futuro espacio protegido la insospechada fuente de recursos turísticos que traerá consigo el regreso de un animal cada vez más idealizado por la sociedad urbana. Será fundamental también abordar una política de infraestructuras que evite efectos barrera para la fauna, como supondría el hipotético desdoblamiento de la carretera N-110, que recorre todo el piedemonte segoviano de la sierra.

La utilización de mastines para vigilar los rebaños se vuelve a imponer entre los ganaderos del piedemonte segoviano de la sierra. Hato de ovejas en Santo Domingo de Pirón (Segovia)

Foto: Julio Vías

Con el regreso del lobo, el Guadarrama recobra no sólo una parte importante de su biodiversidad perdida; recupera también de forma tangible un símbolo que nunca ha dejado de estar presente en la vieja toponimia, en las tradiciones pastoriles, en la literatura... Para los que recorremos habitualmente sus cumbres en solitario la sierra parece transfigurarse de repente en una montaña más seria, capaz ya de depararnos la sensación intensa de lo salvaje simplemente por la posibilidad de escuchar, a la luz del sol poniente que precede a la noche, el aullido intemporal y atávico del lobo. Una emoción parecida a la que sintió Constancio Bernaldo de Quirós hace más de un siglo en una de sus primeras excursiones por la sierra, en la que nos describía las alturas de Peñalara a la luz crepuscular del “sol de los lobos”, hermosa expresión con la que los pastores del Guadarrama se referían a la hora a partir de la cual el gran depredador de las montañas ibéricas dejaba oír su llamada y emprendía al caer la noche sus correrías sangrientas: «La imaginación nos trasladaba a los crepúsculos invernales bajo la cumbre de la Peña Lara, cuando nieblas espesas la envuelven y las águilas se retiran a sus peñas doradas por el sol rojizo de los lobos, y la fiera hambrienta recorre a grandes pasos la sierra castañeando los dientes, mientras los animales de sangre fría yacen amodorrados bajo el suelo en la quieta esperanza de la primavera»2.

textos de Julio Vías


Publicado en la revista Peñalara nº 527. I trimestre de 2009


Citas
1 JUAN CARLOS BLANCO Y YOLANDA CORTÉS. Ecología, censos, percepción y evolución del lobo en España: Análisis de un conflicto. SECEM. Málaga, 2001.

2 CONSTANCIO BERNALDO DE QUIRÓS. Peñalara. Viuda de Rodríguez Serra. Madrid, 1905. pp. 18-19.


martes, 2 de noviembre de 2010

CUMBRES NACIONALES

La última maniobra política con respecto al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama resulta, cuanto menos, bastante llamativa. Se lleva tiempo denunciando por parte de diversos sectores madrileños preocupados por esta sierra que el parque va a ser sólo un espacio protegido de cumbres, dejando aparte zonas clave de la misma. Pues bien, esta queja se ha convertido, por obra y gracia del Gobierno Regional, en nombre oficial: Parque Nacional de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama. Es como si se dijera: Cumbres, sí, ¿pasa algo? o cualquier otro tipo de reafirmación chulesca muy acorde con el estilo de algunos representantes políticos regionales.

 

En realidad, esta fijación por las cumbres viene dado desde la otra vertiente —la segoviana, donde nunca han tenido claro esto del Parque Nacional: esa figura “infame” bajo la cual, “no nos van a dejar hacer nada”. En todo caso, Castilla y León nunca ha prometido otra cosa; de hecho, han introducido lo de “nacional” superando fuertes presiones de un sector de población evidentemente desinformado de lo que significa tener un espacio protegido de este calado en su entorno. En el lado madrileño existe, sin embargo, cierta sensación de estafa. La primera redacción del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales ofreció 34.500 has., pasando actualmente a menos de 20.000. ¿Cuáles pueden ser las razones de este recorte?

La coartada más obvia era la existencia de explotaciones forestales en el Pinar de los Belgas, al igual que en el lado segoviano se explota el gran bosque de Valsaín o Navafría. La ley de parques nacionales dice que se prohibirá la pesca deportiva, la caza deportiva y comercial, así como la tala con fines comerciales y que, en caso de existir dichas actividades en el momento de la declaración, las administraciones competentes adoptarán las medidas precisas para su eliminación; pero, tal como se expone en el último documento conjunto (orden 2320/2010) de la dos comunidades:

La Ley 5/2007 (de la Red de Parques Nacionales) establece la posibilidad de mantener aquellas explotaciones de recursos naturales o agrarios que sean compatibles con el logro de los objetivos del Parque, se apoyen en derechos consolidados y constituyan una aportación reconocida de valores culturales o ecológicos no alterando los procesos naturales. Algo que cumplen estos pinares —hay que decirlo— brillantemente gestionados de forma muy sostenible, generalmente a base de métodos de entresaca.


El documento conjunto menciona también el Plan Director todavía vigente, donde: se considera compatibles los aprovechamientos y usos tradicionales practicados históricamente en los parques, que no supongan un impacto negativo significativo en los procesos ecológicos, por lo que podrán mantenerse, supeditados a la conservación de los valores naturales.

Entonces, ¿por qué se ha sacado el Pinar de los Belgas y Valsaín del Parque, salvo algunos retazos marginales de mayor altitud?


La única justificación encontrada en el documento dice que: “En algunas zonas, los límites del ámbito propuesto como Parque Nacional se ajustaron para reducir al máximo posible el número de kilómetros de carretera y de infraestructuras en su interior, lo que ha podido originar un cierto estrangulamiento territorial en algún punto”. Este argumento resulta muy poco convincente. Nadie pone en duda que lo ideal sería que un Parque Nacional no tuviera carreteras que lo atraviesen, pero en el caso de la Sierra de Guadarrama esto no es posible, como no es posible en muchos otros. Por lo tanto de lo que se trata es de conceder el título de Parque Nacional a las zonas más valiosas de nuestra geografía, haya o no carreteras. En caso contrario, parques como el del Teide quedaría restringido a más de la mitad de su superficie, Cabañeros quedaría partido por la mitad, Garajonay prácticamente anulado, y Sierra Nevada cercenado por dos sitios. No todos los PN tienen la suerte de Doñana u Ordesa, esto es evidente. Pero lo más grave de este argumento es que el posible Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama podría aumentar su superficie incluso sin abarcar tramos de carretera, es decir, la justificación del Parque de Cumbres suena a farsa, o una maniobra con intereses no reconocidos abiertamente.

¿Qué inconfesables intereses hay justo por debajo de las cumbres? podríamos preguntarnos. No son urbanísticos, evidentemente: En la inmediata zona periférica de protección no se puede urbanizar, por lo tanto, estos fortísimos intereses se centran en la “segunda periferia” del parque donde se sitúan los núcleos urbanos (zona de influencia socioeconómica o zona de transición según el PORN). En cuanto a la caza, queda claro que en un parque nacional la actividad cinegética esta prohibida, salvo el llamado control poblacional. En el documento conjunto se encuentra un buen y detallado estudio de unos pocos cotos de caza y zonas de caza controlada que se localizan, parcial o completamente, en el propio parque de cumbres, lo que da idea de que por debajo existen más. Aquí podría residir una buena razón para que el parque se quede en las cumbres, para no molestar a los propietarios de cotos. Hay, además, momentos en que el texto de esta orden desprende una autojustificación con respecto a que el Parque Nacional no va a dañar los intereses cinegéticos:


Por lo tanto, el cinegético es un aprovechamiento a extinguir, dada su incompatibilidad con la figura de Parque Nacional. No obstante, en varios cotos de caza esta limitación apenas tendrá efecto porque o bien se encuentran en la zona de Reserva Natural del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, donde la caza no está permitida salvo por motivos de investigación, conservación o gestión, o bien tienen un bajo porcentaje de su superficie dentro del territorio que se propone como Parque Nacional. Con respecto a las Zonas de Caza Controlada, en la mayor parte de ellas ya no está permitida la caza por encontrarse dentro de un espacio protegido por lo que tampoco se verán excesivamente afectadas por la nueva regulación.

Otros intereses están localizados en las estaciones de esquí, que ahora quedan fuera, no sólo del propio parque como zonas especiales (PORN), sino incluso de la Zona Periférica de Protección. Se pierde así, al menos de momento, mientras no se redacte un Plan Rector de Uso y Gestión, una serie de limitaciones que se redactaron en el PORN y que no aparecen en el nuevo documento, para contener el desarrollo del los entornos del Puerto de Navacerrada y Valdesquí (llamadas zonas especiales).


En justicia, hay que admitir que la propia ley del parque dice que: en la superficie propuesta para incluir en un parque nacional no puede existir suelo susceptible de transformación urbanística ni suelo urbanizado. Siendo esta última limitación rigurosa en exceso, ya que en parques como Picos de Europa existen pequeñas aldeas dentro de su territorio, y tanto desmantelarlas como redelimitar para dejarlas fuera sería una auténtica barbaridad. El mismo plan director de 1999(todavía vigente, pero anterior a la ley) precisa que no se debe incluir núcleos urbanos habitados en su interior, salvo casos excepcionales debidamente justificados, por eso el equipo redactor del PORN incluyó esas dos zonas especiales en las estaciones de esquí y una zona de asentamientos tradicionales en El Paular, dentro del Parque Nacional, y siempre basándose en los criterios zonificadores del plan director.

La decisión de crear un parque de cumbres crea, por otro lado, un escenario casi absurdo de representatividad de hábitats, algunos de los cuales son emblemáticos dentro de la cliserie ecosistémica de montaña. Sólo el hábitat de matorrales supraforestales, pastizales de alta montaña, estepas leñosas de altura y cascajares está suficientemente representado, las grandes extensiones de pinar de Pino silvestre se quedan en poco mas de 9.000 hectáreas (3.350 ha en la Comunidad de Madrid y 5.695,60 ha en la Comunidad de Castila y León), cuando sólo en Madrid la extensión de los pinares, cuando el parque comprendía las 35.000 hectáreas anteriores, era de más de 10.000 ha. Patética es la representación del melojar, que crea unos espléndidos bosques de miles de hectáreas muy bien conservados en su piso bioclimático en lugares como el Valle del Lozoya. En concreto, quedan 192,19 ha de robledales de Quercus pyrenaica (64,72 ha en la vertiente sur madrileña y 127,47 ha en la vertiente norte), por no hablar de los valiosísimas dehesas cercadas de fresno, que desde un inicio se han dejado para ser generalmente pasto, no del ganado, sino de la especulación urbanística.

Todos estos espacios quedarán como zona periférica de protección, otra farsa conceptual, ya que es desde los núcleos urbanos desde donde debemos proteger la naturaleza, evitando que éstos se suban por las laderas o invadan las dehesas de fresno. Establecer la protección periférica en suelo no urbanizable protegido hacia otro SNUP en altura (situado en el Parque Nacional) es una tomadura de pelo, esta protección debería estar limitando el desarrollo de suelo urbanizable para “acolchonar” todo el protegido.

Dice el documento conjunto que el Parque Nacional de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama tendrá como objetivos conservacionistas: Conservar la integridad de sus valores naturales, en particular los sistemas naturales españoles presentes en el mismo y que justifican su declaración como Parque Nacional por su representatividad: matorrales supraforestales, pastizales de alta montaña, estepas leñosas de altura y cascajares; pinares, sabinares y enebrales; robledales, hayedos y abedulares; quejigares y melojares; encinares, carrascales, alcornocales y acebuchales; cursos de agua y bosques de ribera; humedales y lagunas de alta montaña; formas de relieve y elementos geológicos singulares de montaña y alta montaña; sistemas naturales singulares de origen glaciar y periglaciar. Lo de “conservar la integridad de los valores naturales” de pinares, ¿sabinares?, melojares y encinares suena, sinceramente, a broma.

Otro párrafo que no tiene desperdicio es éste: Según el informe sobre Parques Nacionales (Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino, 2008) se debe mejorar la representatividad de los bosques subesclerófilos marcescentes submediterráneos, incorporando quejigares (Quercus faginea) y melojares (Quercus pyrenaica) en la región mediterránea. Por tanto, la Sierra de Guadarrama mejoraría la representatividad en la Red de Parques Nacionales de este sistema natural con la incorporación de 192,19 ha de melojar.

¡192,19 hectáreas de melojar!: ésta es la superficie de un pueblo de unos 3.000 habitantes.

Por último, mencionar el diseño de los propios límites de parque, donde entre las estrecheces cimeras se observa, en ambos extremos del eje axial de la sierra, como ésta se expande más por lado segoviano que por el madrileño. Resulta difícil concebir por qué, más allá del Puerto de Navafría, las vertientes cimeras de Segovia son más “nacionales” que las madrileñas, o por qué la vertiente de Gudillos es mejor que la de Los Molinos-Guadarrama, donde se encuentran sitios tan entrañables como la Peña del Arcipreste de Hita, declarada Sitio Natural de Interés Nacional en 1930 (pero no de interés del Parque Nacional). En cuanto a la gran bolsa que entra en pleno corazón de la Pedriza, privándola a ésta de ser Parque Nacional en su zona baja a base de retorcer la línea divisoria de éste hasta extremos inconcebibles, es también digna de mención.

En definitiva, habrá que esperar a trámites posteriores, documento conjunto definitivo tras el periodo de tres meses de alegaciones, su exposición en el parlamento nacional y, sobre todo, el posterior Plan Rector de uso y Gestión, para saber que parque vamos a tener. Mientras tanto, el larguísimo proceso de creación de este Parque Nacional está suponiendo, de momento, un desmantelamiento paulatino y continuo de la protección de la Sierra de Guadarrama.


Alvaro Blázquez Jimenez     octubre 2010