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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Acerca de los parques eólicos


En España se están colocando parques eólicos en sitios muy inapropiados e incluso ilegales: dentro de la Red Natura 2000 o alrededor de paisajes monumentales como Uclés o las crestas montañosas cerca de Ávila. Mientras tanto, las mismas empresas hacen gala de talante ilustrado y verde en otros países. En los Estados Unidos, según un reciente artículo en la publicación ecologista The Nature Conservancy, Iberdrola Renewables aplaude con entusiasmo un plan que, en efecto, parece sensato: hacer mapas de todos los Estados Unidos, que superpongan las zonas de más viento con las zonas más necesitadas de proteger la naturaleza, para escoger los lugares donde menos daño hagan estos parques eólicos. ¿Por qué no muestran igual actitud en España? Diríase que aquí ni las oenegés ecologistas ni los gobiernos regionales o nacionales se muestran exigentes frente a los intereses económicos, con tal de que sean "renovables".

Como la lógica no abunda, ante cualquier reparo que se oponga a la proliferación de los parques eólicos mal emplazados se contesta con la acusación de que toda crítica se debe a quienes están en contra de las energías limpias y renovables. Hay que seguir insistiendo en que los parques eólicos, como las instalaciones solares, y de hecho cualquier forma de generación de electricidad, deben estar situados en lugares adecuados, y de ningún modo es lugar adecuado la bahía de Santander o el último refugio del urogallo en León o las zonas de migraciones de aves. En otros países la opinión pública ha reaccionado contra la evidente contaminación visual, sonora e incluso lumínica que producen los parques eólicos y la tendencia es a colocarlos lejos de la costa.

Para evitar los abusos, casi todos irreparables, debería bastar con que se aplicasen las leyes, puesto que existe un poderoso arsenal normativo para impedir ilegalidades tan palmarias como ésta. Pero en España no faltan leyes, sino voluntad de aplicarlas. Cuando ni siquiera algunas sentencias firmes del Tribunal Supremo se ejecutan, ¿qué cabe esperar? Tan sólo la opinión pública expresándose con determinación y pidiendo eco en los medios informativos podría convencer a los poderes políticos de que perderían votos dejando cometer irregularidades, a los poderes económicos de que a la larga perderían dinero y a la nación española de que la belleza del paisaje también es un activo económico, aunque sólo sea para atraer turismo de calidad. Todo lo demás –razonar sobre deberes históricos de conservar las raíces culturales y naturales de nuestro país– interesa a muy poca gente. Pero incluso eso habrá que argumentarlo, aunque sólo sea en aplicación del melancólico y tenaz principio de “por mí que no quede”.


(Artículo del Marqués de Tamarón publicado en la revista HISPANIA NOSTRA, Nº 1, Septiembre de 2010)


Postdata: Este artículo lo escribí hace tiempo pero tardó en publicarse y acaba de salir ahora. Por eso no aparece mencionada la barbaridad que se pretende hacer en el piedemonte del Guadarrama segoviano, erigiendo una muralla de 225 molinos de 100 metros de altura cada uno. Sobre este torvo empeño encontrarán mucha información en la bitácora  Guadarrama sin molinos.


Tamarón.

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