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martes, 2 de noviembre de 2010

CUMBRES NACIONALES

La última maniobra política con respecto al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama resulta, cuanto menos, bastante llamativa. Se lleva tiempo denunciando por parte de diversos sectores madrileños preocupados por esta sierra que el parque va a ser sólo un espacio protegido de cumbres, dejando aparte zonas clave de la misma. Pues bien, esta queja se ha convertido, por obra y gracia del Gobierno Regional, en nombre oficial: Parque Nacional de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama. Es como si se dijera: Cumbres, sí, ¿pasa algo? o cualquier otro tipo de reafirmación chulesca muy acorde con el estilo de algunos representantes políticos regionales.

 

En realidad, esta fijación por las cumbres viene dado desde la otra vertiente —la segoviana, donde nunca han tenido claro esto del Parque Nacional: esa figura “infame” bajo la cual, “no nos van a dejar hacer nada”. En todo caso, Castilla y León nunca ha prometido otra cosa; de hecho, han introducido lo de “nacional” superando fuertes presiones de un sector de población evidentemente desinformado de lo que significa tener un espacio protegido de este calado en su entorno. En el lado madrileño existe, sin embargo, cierta sensación de estafa. La primera redacción del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales ofreció 34.500 has., pasando actualmente a menos de 20.000. ¿Cuáles pueden ser las razones de este recorte?

La coartada más obvia era la existencia de explotaciones forestales en el Pinar de los Belgas, al igual que en el lado segoviano se explota el gran bosque de Valsaín o Navafría. La ley de parques nacionales dice que se prohibirá la pesca deportiva, la caza deportiva y comercial, así como la tala con fines comerciales y que, en caso de existir dichas actividades en el momento de la declaración, las administraciones competentes adoptarán las medidas precisas para su eliminación; pero, tal como se expone en el último documento conjunto (orden 2320/2010) de la dos comunidades:

La Ley 5/2007 (de la Red de Parques Nacionales) establece la posibilidad de mantener aquellas explotaciones de recursos naturales o agrarios que sean compatibles con el logro de los objetivos del Parque, se apoyen en derechos consolidados y constituyan una aportación reconocida de valores culturales o ecológicos no alterando los procesos naturales. Algo que cumplen estos pinares —hay que decirlo— brillantemente gestionados de forma muy sostenible, generalmente a base de métodos de entresaca.


El documento conjunto menciona también el Plan Director todavía vigente, donde: se considera compatibles los aprovechamientos y usos tradicionales practicados históricamente en los parques, que no supongan un impacto negativo significativo en los procesos ecológicos, por lo que podrán mantenerse, supeditados a la conservación de los valores naturales.

Entonces, ¿por qué se ha sacado el Pinar de los Belgas y Valsaín del Parque, salvo algunos retazos marginales de mayor altitud?


La única justificación encontrada en el documento dice que: “En algunas zonas, los límites del ámbito propuesto como Parque Nacional se ajustaron para reducir al máximo posible el número de kilómetros de carretera y de infraestructuras en su interior, lo que ha podido originar un cierto estrangulamiento territorial en algún punto”. Este argumento resulta muy poco convincente. Nadie pone en duda que lo ideal sería que un Parque Nacional no tuviera carreteras que lo atraviesen, pero en el caso de la Sierra de Guadarrama esto no es posible, como no es posible en muchos otros. Por lo tanto de lo que se trata es de conceder el título de Parque Nacional a las zonas más valiosas de nuestra geografía, haya o no carreteras. En caso contrario, parques como el del Teide quedaría restringido a más de la mitad de su superficie, Cabañeros quedaría partido por la mitad, Garajonay prácticamente anulado, y Sierra Nevada cercenado por dos sitios. No todos los PN tienen la suerte de Doñana u Ordesa, esto es evidente. Pero lo más grave de este argumento es que el posible Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama podría aumentar su superficie incluso sin abarcar tramos de carretera, es decir, la justificación del Parque de Cumbres suena a farsa, o una maniobra con intereses no reconocidos abiertamente.

¿Qué inconfesables intereses hay justo por debajo de las cumbres? podríamos preguntarnos. No son urbanísticos, evidentemente: En la inmediata zona periférica de protección no se puede urbanizar, por lo tanto, estos fortísimos intereses se centran en la “segunda periferia” del parque donde se sitúan los núcleos urbanos (zona de influencia socioeconómica o zona de transición según el PORN). En cuanto a la caza, queda claro que en un parque nacional la actividad cinegética esta prohibida, salvo el llamado control poblacional. En el documento conjunto se encuentra un buen y detallado estudio de unos pocos cotos de caza y zonas de caza controlada que se localizan, parcial o completamente, en el propio parque de cumbres, lo que da idea de que por debajo existen más. Aquí podría residir una buena razón para que el parque se quede en las cumbres, para no molestar a los propietarios de cotos. Hay, además, momentos en que el texto de esta orden desprende una autojustificación con respecto a que el Parque Nacional no va a dañar los intereses cinegéticos:


Por lo tanto, el cinegético es un aprovechamiento a extinguir, dada su incompatibilidad con la figura de Parque Nacional. No obstante, en varios cotos de caza esta limitación apenas tendrá efecto porque o bien se encuentran en la zona de Reserva Natural del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, donde la caza no está permitida salvo por motivos de investigación, conservación o gestión, o bien tienen un bajo porcentaje de su superficie dentro del territorio que se propone como Parque Nacional. Con respecto a las Zonas de Caza Controlada, en la mayor parte de ellas ya no está permitida la caza por encontrarse dentro de un espacio protegido por lo que tampoco se verán excesivamente afectadas por la nueva regulación.

Otros intereses están localizados en las estaciones de esquí, que ahora quedan fuera, no sólo del propio parque como zonas especiales (PORN), sino incluso de la Zona Periférica de Protección. Se pierde así, al menos de momento, mientras no se redacte un Plan Rector de Uso y Gestión, una serie de limitaciones que se redactaron en el PORN y que no aparecen en el nuevo documento, para contener el desarrollo del los entornos del Puerto de Navacerrada y Valdesquí (llamadas zonas especiales).


En justicia, hay que admitir que la propia ley del parque dice que: en la superficie propuesta para incluir en un parque nacional no puede existir suelo susceptible de transformación urbanística ni suelo urbanizado. Siendo esta última limitación rigurosa en exceso, ya que en parques como Picos de Europa existen pequeñas aldeas dentro de su territorio, y tanto desmantelarlas como redelimitar para dejarlas fuera sería una auténtica barbaridad. El mismo plan director de 1999(todavía vigente, pero anterior a la ley) precisa que no se debe incluir núcleos urbanos habitados en su interior, salvo casos excepcionales debidamente justificados, por eso el equipo redactor del PORN incluyó esas dos zonas especiales en las estaciones de esquí y una zona de asentamientos tradicionales en El Paular, dentro del Parque Nacional, y siempre basándose en los criterios zonificadores del plan director.

La decisión de crear un parque de cumbres crea, por otro lado, un escenario casi absurdo de representatividad de hábitats, algunos de los cuales son emblemáticos dentro de la cliserie ecosistémica de montaña. Sólo el hábitat de matorrales supraforestales, pastizales de alta montaña, estepas leñosas de altura y cascajares está suficientemente representado, las grandes extensiones de pinar de Pino silvestre se quedan en poco mas de 9.000 hectáreas (3.350 ha en la Comunidad de Madrid y 5.695,60 ha en la Comunidad de Castila y León), cuando sólo en Madrid la extensión de los pinares, cuando el parque comprendía las 35.000 hectáreas anteriores, era de más de 10.000 ha. Patética es la representación del melojar, que crea unos espléndidos bosques de miles de hectáreas muy bien conservados en su piso bioclimático en lugares como el Valle del Lozoya. En concreto, quedan 192,19 ha de robledales de Quercus pyrenaica (64,72 ha en la vertiente sur madrileña y 127,47 ha en la vertiente norte), por no hablar de los valiosísimas dehesas cercadas de fresno, que desde un inicio se han dejado para ser generalmente pasto, no del ganado, sino de la especulación urbanística.

Todos estos espacios quedarán como zona periférica de protección, otra farsa conceptual, ya que es desde los núcleos urbanos desde donde debemos proteger la naturaleza, evitando que éstos se suban por las laderas o invadan las dehesas de fresno. Establecer la protección periférica en suelo no urbanizable protegido hacia otro SNUP en altura (situado en el Parque Nacional) es una tomadura de pelo, esta protección debería estar limitando el desarrollo de suelo urbanizable para “acolchonar” todo el protegido.

Dice el documento conjunto que el Parque Nacional de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama tendrá como objetivos conservacionistas: Conservar la integridad de sus valores naturales, en particular los sistemas naturales españoles presentes en el mismo y que justifican su declaración como Parque Nacional por su representatividad: matorrales supraforestales, pastizales de alta montaña, estepas leñosas de altura y cascajares; pinares, sabinares y enebrales; robledales, hayedos y abedulares; quejigares y melojares; encinares, carrascales, alcornocales y acebuchales; cursos de agua y bosques de ribera; humedales y lagunas de alta montaña; formas de relieve y elementos geológicos singulares de montaña y alta montaña; sistemas naturales singulares de origen glaciar y periglaciar. Lo de “conservar la integridad de los valores naturales” de pinares, ¿sabinares?, melojares y encinares suena, sinceramente, a broma.

Otro párrafo que no tiene desperdicio es éste: Según el informe sobre Parques Nacionales (Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino, 2008) se debe mejorar la representatividad de los bosques subesclerófilos marcescentes submediterráneos, incorporando quejigares (Quercus faginea) y melojares (Quercus pyrenaica) en la región mediterránea. Por tanto, la Sierra de Guadarrama mejoraría la representatividad en la Red de Parques Nacionales de este sistema natural con la incorporación de 192,19 ha de melojar.

¡192,19 hectáreas de melojar!: ésta es la superficie de un pueblo de unos 3.000 habitantes.

Por último, mencionar el diseño de los propios límites de parque, donde entre las estrecheces cimeras se observa, en ambos extremos del eje axial de la sierra, como ésta se expande más por lado segoviano que por el madrileño. Resulta difícil concebir por qué, más allá del Puerto de Navafría, las vertientes cimeras de Segovia son más “nacionales” que las madrileñas, o por qué la vertiente de Gudillos es mejor que la de Los Molinos-Guadarrama, donde se encuentran sitios tan entrañables como la Peña del Arcipreste de Hita, declarada Sitio Natural de Interés Nacional en 1930 (pero no de interés del Parque Nacional). En cuanto a la gran bolsa que entra en pleno corazón de la Pedriza, privándola a ésta de ser Parque Nacional en su zona baja a base de retorcer la línea divisoria de éste hasta extremos inconcebibles, es también digna de mención.

En definitiva, habrá que esperar a trámites posteriores, documento conjunto definitivo tras el periodo de tres meses de alegaciones, su exposición en el parlamento nacional y, sobre todo, el posterior Plan Rector de uso y Gestión, para saber que parque vamos a tener. Mientras tanto, el larguísimo proceso de creación de este Parque Nacional está suponiendo, de momento, un desmantelamiento paulatino y continuo de la protección de la Sierra de Guadarrama.


Alvaro Blázquez Jimenez     octubre 2010

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