Este sitio en la red pretende ser un lugar de encuentro entre cuantos nos preocupamos por el futuro de los parajes más notables de la naturaleza. Creemos posible conseguir un desarrollo sostenible. De todo eso queremos hablar los abajo firmantes (*), y también acoger en estas páginas virtuales los comentarios y opiniones de los interesados en estas comarcas castellanas. Así es que, amigos y amigas, entren en este sitio y lean y escriban sobre sus preocupaciones y esperanzas.

lunes, 5 de abril de 2010

Delibes 1968: el Isidoro

Antonio Lucio Gil

Para El Adelantado de Segovia (15 de marzo de 2010)

“Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me tope con el Aniano, el Corsario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra”. Así empiezan las “Viejas historias de Castilla la Vieja”. El libro del que se sentía más satisfecho Miguel Delibes. Fue lectura obligada en nuestro primer año de bachillerato, en el Instituto Andrés Laguna. Los recuerdos se nublan y no estoy seguro de si hicimos lectura en voz alta en clase o simplemente se nos pidió que cada uno se aplicara a la suya. En todo caso, me queda la sensación del tono intimista y descriptivo del relato maridado con la atmósfera invernal, plomiza y lenta del otro lado de los ventanales, orientados al sur, sobre las canchas, y con vistas a los cortados calizos de las Lastras.

Tuvieron que pasar unos cuantos años, con sus tropezones, para que supiéramos disfrutar en toda su intensidad del monólogo del Isidoro, pues en eso consiste este libro, en los recuerdos templados y precisos de un solo narrador, el Isidoro, que sale de su pueblo para estudiar el bachillerato y no regresa hasta cuarenta y ocho años después, con tal suerte que al primero que se topa de manos a boca es el mismísimo Aniano, el Corsario: “Ya la echaste larga”, le dice.

Otro monologo, de otro bachiller, bien distinto, y de muy lejos, se coló entre medias de aquellos comienzos del BUP y el regreso a las páginas de Delibes, a saber, el de Holden Caulfield, el protagonista de “El Guardián entre el Centeno”. Las casualidades han hecho coincidir en poco tiempo la muerte de los dos autores de nuestros tiempos debutantes. El recuerdo amable de nuestro instituto, el Laguna, contrastaba respectivamente con el desapego cruel de Holden por Pencey, el suyo, en su Pennsylvania natal y con el odioso desdén hacia la condición de “chico de pueblo” que sufrió Isidoro de sus profesores y de sus compañeros. A éstos no podía explicarles lo que él sabía, “cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con liga”, “que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recio echándoles porquería de caballo”, porque le menospreciaban y se reían de él. Su miserable profesor de Aritmética y Geometría, el Topo, le dijo una tarde en que no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos “Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara”. Toda su ilusión por entonces era confundirse con los muchachos de ciudad y carecer de un pueblo que “parecía que le marcaba a uno, como las reses, hasta la muerte”

Este desamor al campo, a los pueblos, a su paisaje, a sus gentes desgarró siempre a Delibes. Traslada a su propia obra, de forma explícita, el colmo alarmante de esta atmósfera de menosprecio, cuando llega a contagiar a los propios hombres del campo, hasta el punto de hacerles renegar de lo que son, como le sucede al Isidoro en su penoso bachillerato.

Cuando Delibes escribe las Viejas Historias, en 1968, el desarrollismo, en pleno apogeo, campea irónicamente por nuestras tierras, erosionando la realidad tangible e intangible del mundo rural. Pero no todo es desaliento en estas Viejas Historias. En sí mismas constituyen un luminoso legado en vocabulario, en giros, en expresiones, reflejos de una tradición y de una manera de sentir y de vivir, que nos vincula a todos, más allá de sus directos depositarios. ¡Son las raíces comunes!. En estas páginas mismas hay un voto de confianza optimista en la emergencia de futuros albaceas. ¿Qué avatares, qué vicisitudes se han sucedido desde entonces?