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lunes, 25 de octubre de 2010

Más sobre las Guarramillas


A continuación reproducimos el artículo aparecido hoy en el ABC de nuestro compañero Antonio Sáenz de Miera. Y la  excelente fotografía tomada por nuestro también compañero de fatigas Paco Cantó, calculo que anteayer, de la luna detrás de las malditas e inútiles antenas de La Bola del Mundo.

Tamarón.

La multitud y el paisaje

Uno nunca sabe cuáles van a ser los efectos de la visita a una exposición. Depende de las circunstancias personales, de la predisposición, de las inquietudes de cada momento. Tranquilo y relajado me fui la mañana del domingo a ver los paisajes americanos de Asher B. Durand, que se exhiben estos días en la March y salí, quien me lo iba a decir, pensando por supuesto en el conjunto sereno de bellezas de los cuadros del mentor de la escuela americana de paisajismo, pero también en las multitudes.

Se dice que para sus contemporáneos las obras de Durand eran curativas, calmantes, terapéuticas. En ellas, de forma consciente o no, se puede advertir aquella suerte de «juventud perpetua» que Emerson concedía a los bosques como espacios de salud y equilibrio frente a los excesos de la civilización, del modo de vida de las grandes urbes modernas. Me paré a contemplar «El bosque primigenio» un paisaje impresionante que inspiró al poeta William Cullen su Himno a la naturaleza: «Ah, ¿por qué deberíamos en la era más madura del mundo abandonar a los antiguos santuarios de Dios y adorarle sólo entre la multitud».

Sí, la multitud, ahí está el problema, pensé, la multitud puede pervertir y confundir el paisaje que vemos y disfrutamos, el que nos reconforta y nos devuelve la paz. Como esa multitud insensible y ruidosa, por ejemplo, que inundó literalmente una de las cumbres del Guadarrama en la reciente Vuelta Ciclista a España. Pero me doy cuenta de que sólo unos pocos lo vimos así. Para la mayoría fue algo épico, inolvidable. Son formas radicalmente distintas de apreciar el paisaje. La multitud avasalla el paisaje natural, lo devalúa, el individuo, al contrario, lo puede sentir y valorar como algo propio de su cultura y de sus emociones. Realmente los paisajes de Durand no podían llegarme en mejor momento.

Antonio Sáenz de Miera