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miércoles, 16 de febrero de 2011

MEMORIAS DEL GUADARRAMA. LA MADRE MONTAÑA

El insigne montañero e historiador, Julio Vías, cómplice nuestro en andadas y trasiegos montaraces, a republicado su libro Memorias del Guadarrama en una nueva edición revisada, actualizada, ampliada y mejorada, en una tercera etapa aún mas vigente, con toda frescura serrana.

Que un libro nazca a la luz siempre es algo nos debe deleitar, pero aun mas en estos tiempos de ajustes económicos, recortes insanos, podas de lo inmaterial y desprecio por todo aquello que no genere arbitrios mercantiles o ramplona riqueza inmediata. Mi encomio al autor y a la editorial, por tan tenaz arrojo, y mi más sincera recomendación a los entendidos lectores para que se acerquen a su repaso y consulten su ilustrado contenido antes de salir a darse paseos por estas montañas, pues con este libro, de cuidado léxico y ágil lectura, cada lugar que visitemos, nos dará mucho más de sí mismo, pudiendo además lucirnos con nuestros acompañantes, si hacemos senderismo social o montañismo cultural, citando al bueno de Julio y sus muchas anécdotas históricas, que con tanto esmero ha recopilado. O también, porque no, disfrutar con sosiego en el sillón y al amor de la lumbre, de los sustanciosos recorridos por los caminos de la historia, que nos propone.

La Sierra de Guadarrama, la montaña por excelencia para todos los castellanos del centro de la meseta, es también al menos para mí, como una Madre, ingente, indulgente y pletórica de saberes. Desde mis correrías infantiles en las que de modo inconsciente me eche a sus brazos sin tino, por Las Machotas, La Pedriza u otros escarpados predios, y que salí indemne de insensatas temeridades, casi milagrosamente y gracias a su infinita bondad, me sentí adoptado por ella, pues si no, de que me hubiera permitido sobrevivir. Más aún, cuando ya pre adolescente, quede huérfano de mi madre humana, me refugie para siempre en mi Madre Montaña, a la cual acudo constantemente cuando tengo dudas, siento desamparo, penas y amarguras. Ella siempre esta allí, siempre me escucha y tarde o temprano, siempre se manifiesta de algún modo para darnos aliento e indicarnos el camino correcto, si sabemos estar atentos, escuchando y leyendo los mensajes que nos hace llegar por distintos medios.


Por tanto me siento obligado, en nombre de esta Sierra y en el mío propio, agradecer efusivamente a mi hermano en las montañas, Julio Vías, que nos relate de modo ameno y muy bien documentado este verdadero árbol genealógico serrano de historias ligadas a lugares y topónimos agrestes, que nos harán conocer y respetar mucho mas a esta Madre Montaña Guadarrama. Con este libro podemos acceder mucho mejor a esos mensajes que aludo, que también nos pueden dar muchas pautas para nuestra supervivencia en los hostiles períodos que actualmente nos atenazan.


Ojala que muchos de los poderosos, desavisados, hagan lectura y tomen nota de tan erudito texto, pues si se acercan solo un poco al conocimiento de esta Madre Montaña, con seguridad que nunca más se atreverían a ultrajarla como tantas veces lo han hecho y siguen ambicionando hacerlo.


Las historias que nos cuenta el autor hacen Historia, en mayúsculas, pues logra convertirlas en ciencia al conjuntar todas ellas de modo magistral. Además es imprescindible tenerlas muy en cuenta, dado que si no sabemos de dónde venimos, difícilmente sabremos dónde estamos y nunca podremos bosquejar la ruta dónde vamos. La Historia que aquí leeremos es fundamentalmente una instructiva cronología cultural de los aconteceres de la Sierra en su escala más humana, que para conocer la historia física o fisiográfica deberemos acercarnos mejor a la obra de otro ilustre y notable sabio guadarramista, el montañero y geógrafo, Eduardo Martinez de Pisón. En la complementariedad de la lectura y toma en razón de ambas, seremos dignos hijos de esta Madre Montaña.

Solo existimos si permanecemos en la memoria de los demás, y cuantos más nos recuerden mas existimos. Al escribir estas Memorias del Guadarrama, el cronista Julio Vías, nos hace esta Sierra, más patente si cabe, pero también más cercana, más perdurable, más respetable, más respetada, mas amada, mas de quienes la modelaron antaño, mas parte de nosotros mismos, mas de las generaciones venideras, en suma más Madre Montaña de todos, para todos y para siempre.


Salud y montañas. Paco Piedra, invierno 2011
  




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