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jueves, 7 de abril de 2011

La evaluación internacional de Doñana bajo sospecha


Por su interés -se esté de acuerdo o no- reproducimos este artículo publicado en la revista Trofeo Caza & Conservación, Abril de 2011:

"Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora, campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa". La famosa lamentación del poeta barroco Rodrigo Caro podría ser repetida en un futuro no lejano respecto al Parque Nacional de Doñana, Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera.

Muchos y graves son los problemas que afectan al Parque, siendo el mayor de todos ellos una avanzada desertización. El riego de las miles de hectáreas de fresales, arrozales y algodonales que lo rodean y la desmesurada extracción de aguas subterráneas por la urbanización de Matalascañas en el interior del antiguo coto, han mermado hasta extremos indecibles su acuífero. El nivel freático, de ser casi superficial hasta los pasados ochenta, ha bajado hasta 18 metros bajo el nivel de mar. En consecuencia, se han perdido varias lagunas históricas y casi todos los puntos de agua estivales del famoso Parque. Es de señalar que su suelo arenoso apenas tiene nutrientes y es el agua quien los aporta. Quitemos el agua, y la vegetación desaparecerá sin remedio y con ella la fauna del Parque. Para mayor gravedad, el vacío dejado por las aguas dulces subterráneas es ocupado por aguas atlánticas que están salinizando el acuífero. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que, de seguir así, Doñana acabará en la total ruina.

Es público y notorio que el Estado español ha mostrado una completa incapacidad en la gestión del Parque, que ha perdido en los treinta años de gestión pública gran parte del esplendor logrado en ochenta años de gestión privada. Es también público y notorio que la Administración ha sido muy negligente en la protección del entorno de Doñana y, muy en especial, del acuífero de la zona.

Ante los daños que sufre el Parque y las nuevas amenazas potenciales que pueden agravar la situación, el Club Doñana presentó denuncias ante diversos organismos internacionales en el año 2009. Poco después, Hispania Nostra, asociación dedicada a la defensa del Patrimonio cultural desde hace treinta y cinco años, hizo lo mismo. A éstas siguieron otras de distintas entidades de defensa de la naturaleza. A consecuencia de todas ellas, la 34 Reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, celebrada en Brasilia durante los pasados meses de julio y agosto, lanzó una seria advertencia a España y exigió que fuera recibida una Misión internacional para evaluar la situación de Doñana. Respecto a las amenazas potenciales, la Reunión conminó a España a no autorizar desarrollos susceptibles de afectar al Parque (Decisión 34 COM 7B.26).

La Misión giró su visita al Parque Nacional entre los pasados 20 y 22 de enero. Las entidades que comparecieron a declarar coincidieron en la absoluta necesidad de que Doñana sea declarado Patrimonio Mundial en peligro.

La Misión estuvo compuesta por la señora Mechtild Rössler, Jefe del Patrimonio de Europa y América del Norte del Centro del Patrimonio de la UNESCO, y por D. Pedro Rosabal, Oficial Senior de Áreas Protegidas de la Unión Internacional para la Defensa de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (UINC), organismos que por muy conocidos, no necesitan presentación. También integraba la misión D. Delmar Blasco, representando a la Convención de RAMSAR. Esta Convención internacional fue creada por los Estados contratantes en 1971, con el fin de proteger los humedales del Mundo.

En teoría, esta Misión de evaluación se ajustaba a Doñana como anillo al dedo, pero su aparente idoneidad no resulta en la práctica tan real como parece. Los organismos internacionales de protección del medio ambiente, aunque realizan en general una importante labor, están sujetos a una tacha en cuanto a su independencia y capacidad de decisión. Estos organismos se financian con las aportaciones de sus Estados miembros. Basta que quieran inspeccionar algo que no interese a uno de esos Estados para que, casualmente, reciban el aviso de que la cuantiosa subvención que reciben puede ser reducida. Y ni que decir tiene que la Administración española intenta ocultar su continuado fracaso en la gestión, dirigiendo la atención pública hacia las amenazas potenciales que se ciernen sobre el Parque.

La sombra de duda genérica sobre la independencia del control internacional se ha acentuado con motivo de esta reciente Misión. Las inoportunas declaraciones a los medios de su portavoz, el Sr. Blasco, representante de RAMSAR, lo han puesto de manifiesto. En esas declaraciones públicas, realizadas durante las sesiones previas de investigación, el Sr. Blasco restó importancia a las denuncias, sosteniendo que no eran tan graves. Graves no, Sr. Blasco, gravísimas. Anticipar el posible veredicto nada más comenzar la evaluación sí que es cosa de mucha gravedad pues coloca en entredicho a toda la Misión. Pero Blasco no se detuvo ahí. Según él, Doñana está mejor que nunca y sigue un excelente camino de mejora, cuando lo cierto es, por general consenso, que sufre los más graves problemas y amenazas de su historia. Para el Sr. Blasco, el proyecto de restauración hídrica "Doñana 2005" ha tenido un excelente desarrollo, cuando lo cierto es que está detenido y que la citada Reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, de Brasilia, requirió a España para que lo reanudara y continuara con su aplicación. Para rematar su improcedente intervención, añadió que los males de Doñana son inevitables pues provienen del desarrollo de la era industrial que afecta a todos los lugares naturales del mundo, cuando es más cierto que, estando Doñana situada entre el Guadalquivir y el océano, sin carreteras ni población, podría haber sido la gran excepción a esa supuesta regla. Finalmente, Blasco decidió que el objetivo consiste en "compatibilizar el desarrollo del ser humano con los demás seres vivos del planeta". Justo lo contrario de lo que se debe hacer en Doñana, que es lo más incompatible con la masa humana que tenemos en nuestra naturaleza.

El caso es que el representante de RAMSAR ha colocado a la Misión bajo sospecha de venalidad, comprometiendo de paso la credibilidad y el prestigio de la UNESCO y la UINC, sus compañeros de inspección. Con sus declaraciones, Blasco ha mostrado, además, un palmario menosprecio a entidades tan cualificadas y respetables como Océana, Greenpeace, Hispania Nostra, Club Doñana, Ecologistas en Acción o WWF España.

Dadas estas lamentables circunstancias, lo correcto hubiera sido recusar la Misión y repetirla con más objetividad, pero es obvio que esto no conviene a nuestra Administración pública. Cuando estas líneas se publiquen, el informe estará emitido o a punto de emitirse. Si es el anunciado por el Sr. Blasco, es decir, se limita a un tironcillo de orejas al Estado español con ligeras criticas sin contundencia, será papel mojado, prueba patente de la ineficacia de dichos organismos y una catástrofe para el Parque. Si por el contrario, el informe es todo lo duro y contundente que la realidad exige y recomienda situar a Doñana en la lista de Sitios en peligro, será un milagro para nuestro más relevante Parque Nacional. También significará una victoria de la sociedad civil frente a aquellos que durante los últimos treinta años han causado su avanzada degradación y la han ocultado a la opinión pública. En el informe de la Misión está en juego algo más que una mayor protección de Doñana. Con esta resolución, la UNESCO y la UINC se juegan el prestigio que la Convención de RAMSAR ya ha perdido. Esperemos que atiendan a razones y cumplan con su deber.

 Carlos Morenés y Mariátegui,
Vicepresidente de Hispania Nostra.


Creo que este artículo plantea de forma valiente un problema de sobra conocido y poco tratado: la supervivencia del Parque Nacional de Doñana y en general la de otras zonas con problemas similares.

Tamarón.

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