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domingo, 20 de febrero de 2011

El debate sobre la energía eólica


A propósito de los proyectos de instalación de parques eólicos en el piedemonte segoviano de la sierra de Guadarrama, puede ser esta una buena ocasión para abordar cuales son las últimas preocupaciones sobre esta nueva fuente de energía en cuanto a un aspecto complejo como es el de su rentabilidad.


Lo primero que se aprende de la eólica es que nos proporciona una energía limpia, renovable, gratuita (el viento lo es), alternativa y viable. De hecho los molinos de viento existen desde hace milenios. Sorprende por lo tanto que, tras pedir una moratoria, 458 grupos (de momento) en Europa se hayan asociado en EPAW, siglas traducidas como Plataforma Europea contra los Parques Eólicos. ¿Qué ocurre con la eólica? Una primera aproximación a esta pregunta hay que buscarla en que esta plataforma no se autodenomina “contra la energía eólica”, sino “contra los parques eólicos”. Efectivamente, nadie está en contra ni de aquellos tradicionales molinos de viento ni de  modernos aerogeneradores que proporcionan energía en el mismo lugar donde el viento sopla. La oposición de estos grupos se materializa, básicamente, en contra los parques eólicos.

Los impactos de estas instalaciones son variados: mortandaz de aves, artificialización del paisaje, contaminación acústica, “efecto discoteca[1]”, pérdida del valor de propiedades cercanas, apertura de pistas, fugas de aceite, incendios, necesidad de construcción de nuevos tendidos eléctricos de gran potencia…. aparte la evidente contaminación ocasionada por la propia construcción de los aerogeneradores en fábricas de bienes de equipo. No obstante, no es objeto de este artículo analizar la gravedad o levedad de estos impactos sobre la salud y el medio ambiente. Antes de esto conviene incidir en un tema previo y más crucial: el de la propia rentabilidad de la energía eólica a gran escala. Para ello es necesario resumir primero unos principios básicos comúnmente admitidos, aunque no siempre conocidos por el gran público:

-          La energía no puede ser, hoy por hoy, almacenable en grandes cantidades, es decir, a escala de  redes eléctricas regionales y nacionales. Se consume a la vez que se produce, salvo pequeñas excepciones que apenas alteran esta norma[2].
-          La energía eólica posee una gran variabilidad, mucho más que la solar. Su aporte directo alteraría, por lo tanto, la necesaria estabilidad de la red.
-          Es cierto que la demanda de energía es también variable tanto a lo largo del día como a lo largo de todo un año; pero el viento, lejos de coincidir con esta variabilidad, discierne más bien de ella. Por ejemplo, en España, existe mayor demanda de energía en invierno, coincidiendo con el tiempo estable del anticiclón de las Azores (generalmente en el mes de enero), y en los últimos tiempos en verano por el uso de aire acondicionado, cuando los frentes de aire atlántico y sus vientos pasan alejados de la península.  
-          Esta variabilidad debe corregirse con una fuente de energía continua, una energía de respaldo para cubrir el necesario aporte constante de energía a la red.
-          Las Centrales de Ciclo Combinado (gas-vapor) son las más aptas para respaldar los Parques Eólicos.

El debate debería centrarse  por lo tanto (al menos en el caso español), en cómo estas centrales de ciclo combinado respaldan el aporte eólico, ambas construidas casi a la par en los últimos tiempos.  De momento sabemos que, en el caso de España, la inestabilidad ocasionada por la energía eólica ha propiciado la creación de un centro de control único en el mundo: el CECRE (Centro de Control de Régimen Especial), específico para las energías renovables, donde el control de la eólica es una tarea continua. Es decir, la complejidad del aporte eólico ha supuesto la creación de un centro de control específico para ella, aparte del CECOEL (Centro de Control Eléctrico). Existen diversos autores anti-eólicos que sostienen que las centrales térmicas sufren un desgaste mayor al cubrir los caprichos del viento, rindiendo peor y gastando más combustible, pero —al menos los autores consultados— no manejan datos concretos que midan el alcance de tal pérdida de rendimientos. En todo caso, es necesario constatar también que las centrales térmicas, y sobre todo las de ciclo combinado, deben estar preparadas para soportar las grandes diferencias de demanda entre las horas valle y las horas punta. Sólo las nucleares se ven totalmente imposibilitadas para esta alternancia, proporcionando lo que llaman la energía-base.

Pero la lista de problemas no acaba aquí. La energía eólica no se origina a cualquier velocidad del viento, y no se trata sólo de la imposibilidad de aprovechar vientos débiles (menos de 15 km/h[3]), sino también vientos que superen los 90 km/h (algunos autores bajan aún más esta cifra hasta 75 km/h, se supone que esto depende también del tipo de aerogeneradores). A esas velocidades estos artefactos deben ser desconectados de la red para no generar demasiado esfuerzo a los ejes y a otros elementos mecánicos. Otro problema son los llamados huecos de tensión, que grosso modo podrían definirse como bajadas de tensión muy breves, contabilizables en milisegundos, pero lo suficientemente problemáticas como para afectar a la estabilidad de la red.

En definitiva, la energía eólica, plasmada en sus parques eólicos, presenta no pocos problemas, muchos de ellos desconocidos cuando ésta se empezó a fomentar por parte de unos poderes públicos que se dejan millones de euros en subvencionarla. Algunos autores llegan a considerar esta energía como inútil. Si esto fuera cierto, estaríamos ante una farsa de proporciones descomunales. Sin embargo, este grave hecho está todavía por demostrar, aunque sí podemos de momento constatar que la rentabilidad de este tipo de energía tiene una eficacia limitada, aparte de peculiares impactos sobre la salud, el paisaje y el medio ambiente. Por lo tanto, debe seguir siendo investigada para desvelar su rentabilidad (aparte de sus impactos) con todas sus consecuencias y por muy doloroso que sea el criticar a una energía, no sólo renovable, sino extraída del propio territorio nacional    


Alvaro Blázquez.


[1] Se llama efecto discoteca al mareante juego de luces y sombras de las aspas proyectado sobre el suelo (o las viviendas) cuando el sol se sitúa a baja altura.  
[2] Es posible acumular energía potencial elevando agua a embalses por medio de bombeos. También se está investigando en la fabricación de baterías de alta capacidad de acumulación.
[3] La medición correcta es en m/s. Si se ofrecen km/h es por su mayor comprensión para el común de los lectores.