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martes, 3 de enero de 2012

El Pozo de la Nieve en La Granja: un nuevo espacio cultural para la Sierra de Guadarrama


         Desde el pasado 23 de septiembre la sierra de Guadarrama cuenta con un nuevo, espectacular y originalísimo espacio cultural. Es el pozo de la Nieve de La Granja, una antigua construcción del siglo XVIII que fue propiedad de la Real Casa y que, tras su hallazgo en pleno casco urbano de San Ildefonso, ha sido recuperado después de los preceptivos estudios y excavaciones arqueológicas.
          Los primeros pasos para sacar adelante este proyecto se dieron a finales de 2006, tras la propuesta de la Sociedad Castellarnau de Amigos de Valsaín, La Granja y su entorno al Ayuntamiento de La Granja para la recuperación de esta antigua construcción preindustrial, de cuya existencia, importancia y ubicación se tenía noticia cierta tanto por la memoria de los vecinos más ancianos de la localidad como por las investigaciones realizadas por algunos miembros de esta sociedad en el Archivo de Palacio de Madrid. Las primeras catas arqueológicas, llevadas a cabo en agosto de 2007 por el Estudio de Arqueología GROMA, confirmaron las grandes dimensiones del pozo y su magnífico estado de conservación, visto lo cual el Ayuntamiento dio luz verde a su recuperación para convertirlo en espacio cultural y didáctico. El proyecto, encargado al arquitecto y miembro de la Sociedad Castellarnau Mariano Martitegui, autor de edificios emblemáticos tales como el Hotel Urban, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, fue seleccionado entre otros muchos para acogerse a los fondos del 1% que el organismo oficial ADIF destina a proyectos culturales. Las obras se iniciaron en junio de 2010 y finalizaron el pasado mes de octubre.


La recuperación de este pozo es resultado de la creciente valoración de este tipo de construcciones en toda Europa, un fenómeno ya antiguo que se vio definitivamente impulsado a raíz de la celebración del Primer Encuentro Internacional sobre el comercio y el uso artesanal del hielo, celebrado en Brignoles (Francia) en julio de 1994, y uno de cuyos primeros frutos fue la creación del Musée de la Glace, en la localidad de Mazaugues. En España, este interés se ha materializado en la rehabilitación de innumerables construcciones de este tipo, como el pozo de nieve de Abantos, en San Lorenzo de El Escorial, las neveras de Sojuela, en La Rioja, los pozos de nieve de la sierra de María, en Almería, y la creación en 2007 del Museo del Frío en un antiguo pozo de nieve en Uncastillo (Zaragoza).


Del pozo de Nieve de La Granja existen referencias documentales al menos desde 1737. Era propiedad de la Real Casa y se sacaba a arriendo público todos los años. Una de las obligaciones del arrendatario era retirar regularmente la nieve que se acumulaba en la Plaza de Palacio durante el invierno, por lo que se supone que era esta nieve la que se aprovechaba para llenar el pozo. Sin embargo, según Pedro Heras y Julio de Toledo, de la Sociedad Castellarnau, que han estudiado numerosos documentos del Archivo de Palacio de Madrid, la explotación del pozo no debía resultar muy rentable para el arrendatario ya que la Real Casa vendía al mismo precio la nieve “de copo” que le sobraba tras el abastecimiento de palacio, mucho más limpia y sin malos olores, pues se bajaba directamente desde los ventisqueros de Peñalara y se consumía sin previo almacenamiento. Según consta en estos mismos legajos, la nieve de los ventisqueros se llegaba a bajar incluso durante los meses de agosto y septiembre, que era la época que pasaban los reyes en el Real Sitio y cuando más consumo se hacía a causa del calor del estío, lo que es un indicio más que demuestra la mayor persistencia de la nieve en las cumbres de la sierra durante el siglo XVIII, en pleno período climático frío que los paleoclimatólogos han denominado «Pequeña Edad del Hielo». El pozo se explotó hasta las primeras décadas del siglo XX, y tras su abandono fue utilizado como vertedero de escombros y residuos industriales de la Real Fábrica de Cristales, hasta su completa colmatación.

La excavación ha sacado a la luz las espectaculares dimensiones de esta antigua estructura de planta más o menos elíptica, con unos ejes de 11 x 9 metros y 8 metros de profundidad, formada por sólidos muros de mampostería de granito bien concertada y recibida con mortero de cal que, sin duda, constituye el elemento más estético y valioso de todo el conjunto. Por los documentos consultados por Pedro Heras, sabemos que uno de los arrendatarios del pozo durante el reinado de Fernando VI, Manuel de la Tapia, llegó a empozar nada menos que 90.000 arrobas de nieve en el invierno de 1750, sin que conste que éste quedara lleno. Según se aprecia en un grabado de Pedro Pérez, de mediados del siglo XIX, el pozo estaba cubierto por una pequeña edificación, apenas un simple cobertizo, que protegía la nieve almacenada de la lluvia y las corrientes de aire.

Este nuevo y espectacular espacio se va a destinar a sala de exposiciones y conferencias, y como auditorio para conciertos de música de cámara, uso este último para el que está especialmente adecuado por su inmejorable acústica. Sirve también de emplazamiento para un centro de interpretación permanente dedicado al antiguo uso industrial y doméstico de los pozos de nieve. Al acceder a él nos sorprenden, por su originalidad, los elementos de nueva planta concebidos por Martitegui, como el edificio de recepción de visitantes, el túnel subterráneo de ladrillo visto que da entrada al pozo y donde se emplaza el centro de interpretación, y la esfera de cristal que a modo de claraboya ilumina el recinto simbolizando una gran bola de nieve. En una de las fotos que siguen, detrás de Pedro Heras, Luz Almeida y Jesús Sanz, de la Sociedad Castellarnau, aparece iluminada en plena noche, destacando sus líneas atrevidas como una enorme luna llena entre el caserío de La Granja.


Sin embargo, tenemos que referir aquí una única pero importante objeción a esta obra: la imposibilidad material de visualizar el magnífico audiovisual creado ex profeso por Carlos de Hita como introducción al tema de la explotación de la nieve en el Guadarrama, y que a través de una fascinante combinación de sonidos e imágenes transporta literalmente a los visitantes al apartado y mágico entorno de los ventisqueros de la sierra y a los tiempos de esplendor de esta industria y del duro oficio de los neveros. Esta obra de nuestro amigo Carlos, conocido naturalista y técnico de sonido, a quien podemos ver en la foto que sigue acodado en la barandilla del interior de la claraboya con un inequívoco aire reflexivo y desengañado, fue concebida para su proyección en el interior de la gran sala del pozo y es una pieza clave del centro de interpretación instalado en el mismo. Pero los ejecutores del proyecto no han previsto un dispositivo para regular el exceso de luz cenital que entra a través de la esfera y que impide su visualización. Esperamos que esta falta sea enmendada sin dilación en beneficio de este magnífico espacio didáctico.


          Con la rehabilitación del pozo de la Nieve, La Granja de San Ildefonso recupera otra construcción emblemática más a añadir a la larga lista de monumentos con los que cuenta, y que la convierten en una de las localidades más atractivas de la sierra de Guadarrama por su amplia oferta cultural.

Texto: Julio Vías
Fotografías: Estudio de Arqueología GROMA y Julio Vías

Publicado en Peñalara, Revista Ilustrada de Alpinismo, nº 538. IV trimestre de 2011


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